Cuando el desconocido —y justamente olvidado— Cesarus Julius Ineptum Insanis Obitus usurpó el trono, el Imperio vivía su máximo esplendor. Sin embargo, al "bueno" de Cesarus le bastaron unos meses para llevar a la capital a la ruina total, gracias a sus interminables fiestas, bacanales y caprichos absurdos.
Desesperado al ver que su fastuoso estilo de vida peligraba, el Emperador tuvo una "brillante" idea para rescatar la economía (y su bodega de vinos): organizó un magno evento donde todos los presos, esclavos y parias del imperio competirían por su libertad. La regla era simple: quien llevara más tesoros a la ciudad ganaría el Perdón Imperial. ¿Cómo obtendrían los participantes esos recursos? ¡Ah, eso es problema de ellos!
Así nació la