A pesar de las apariencias, ambos juegos comparten una esencia que atrae a los jugadores que disfrutan de una buena estrategia y un poco de suerte.
1. La suerte de los dados es crucial: En ambos juegos, el destino está, en parte, en manos del azar. En Monopoly, un buen lanzamiento puede llevarte a una propiedad clave o sacarte de la cárcel. En Rolling Heights, el lanzamiento de tus trabajadores (meeples) es el motor del juego, ya que cada meeple es un trabajador con una profesión específica (ingeniero, obrero, etc.). El reto es saber cuándo parar de lanzar para no perder tu turno y los recursos acumulados.
2. El objetivo es construir un imperio: La meta de Monopoly es construir un monopolio de propiedades con casas y hoteles. En Rolling Heights, tu objetivo es aún más creativo: construir una ciudad tridimensional llena de edificios. Al igual que en Monopoly, donde las casas y hoteles aumentan tus ingresos, en Rolling Heights, los edificios que construyes te otorgan puntos de victoria y otros beneficios cruciales.
3. Competencia por el control del espacio: En Monopoly, los jugadores compiten por comprar las mejores calles y terrenos estratégicos. En Rolling Heights, la competencia se centra en construir en las zonas más valiosas de la ciudad, bloqueando a tus oponentes y asegurando que tus edificios obtengan los mejores beneficios de los edificios vecinos.